domingo, 28 de febrero de 2016

EL VIAJE

EL VIAJE (por Larry Romántico)

En mi juventud viajar por España era casi un lujo, y no digamos por el extranjero. No es que fuese sólo una cuestión de dinero, sino de cultura adquirida, en aquel entonces más bien sin adquirir.

Salir de casa, del hogar familiar, era un auténtico reto. En absoluto una prioridad. Muchos tenían la posibilidad de pasar unas semanas en el pueblo de sus padres, otros ni siquiera eso. Subirse a un tren parecía una aventura. Tener un coche propio, una obsesión para algunos. Un billete de avión, un sueño. Un crucero, ni se sabe.

Hoy viaja cualquiera hasta las chimbambas. Antes, sólo lo hacía una élite, capaz de ampliar sus horizontes más allá de su barrio, ciudad, provincia y país. Me entristece recordar que mi abuela materna jamás pudo ver el mar ni oler en la brisa a pescado, ni sentir el frescor de las olas en la orilla de una playa. Y me siento culpable de no haberle metido en un coche, bajo una dosis de Biodramina (pues se mareaba), y llevado hasta las costas de Alicante, sentarle en una silla para que contemplase el atardecer y el brillo del Sol reflejado en el agua, o pasear con ella pisando las algas esparcidas sobre la arena.

Te pido perdón, abuela, por no haber tenido el coraje suficiente para cumplir tu sueño. Algo tan sencillo y simple como me parece en estos momentos en los que vamos por el mundo a un ritmo tan frenético como irresponsable. Me gustaría compensarte, de alguna manera, en mi próxima vida, pues estoy convencido de que volveremos a encontrarnos a lo largo del camino ancho que lleva a la perfección.

No hay nada como el preparativo del viaje, las sensaciones primeras antes de viajar. Las expectativas. El descubrimiento de los detalles, el propio recorrido en sí, con independencia de si deviene o no en pesadez o agotamiento. La llegada a destino, deshacer la maleta, y salir cuanto antes a la búsqueda de lo nuevo, lo desconocido, lo inaudito, lo bello.

Y qué decir de lo mucho que aprendes cada vez que te embarcas en una de esas aventuras. Lo que te enriquece la gente que encuentras a tu paso, la gastronomía, el paisaje, el arte, el bullicio o los silencios.

Tengo la intención de dedicar mis últimos años a viajar. Descubrir tantas cosas que aún no conozco, porque no quise o no pude en anteriores etapas de mi vida. Quiero aprovechar todas las oportunidades que se me presenten hasta que el cuerpo aguante. No me importará nada fallecer en un aeropuerto, en la senda hacia la montaña o en una playa desierta llena de dunas.

Deseo con intensidad abrirme de par en par a la aventura, hasta donde pueda, a todo aquello que aún me queda por conocer, comprender y asimilar, para no tener la sensación de que no he hecho en serio un intento por formar parte de este mundo, tal vez por precaución o por miedo, o simplemente por la idea equivocada de que todo es igual en todas partes, lo cual, al final, tengo que reconocer que no es cierto.

Lo siento. Me he equivocado. No volverá a suceder.

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