domingo, 14 de febrero de 2016

EL ÚNICO PODER

EL ÚNICO PODER (por Lalo Monsalve)

Siempre pensé que éramos nosotros, todos, quienes decidíamos, los que mandábamos. Nunca quise aceptar que la realidad era bien diferente. Todas aquellas veces en las que deposité mi voto en la urna, con el ferviente deseo de que ese gesto por mi parte sirviera para que las cosas cambiasen y fuesen a mejor, han devenido en una vana esperanza. Es una auténtica estafa.

Los que de verdad manejan los hilos, son los mismos de antes. Son los de ahora y en el futuro. Detentan el poder económico. Ellos deciden los gobiernos. Si los resultados no les agradan, simplemente actúan para modificarlos. Es inútil ensayar pactos entre fuerzas políticas que no tienen su aprobación ni su simpatía.

Ahora me río del apoderamiento de la gente, del pueblo, de los votantes. Me carcajeo de todos esos ilusos que, como yo, creyeron que se podían hacer las cosas de una forma distinta, buscando el bien común y mejorar las vidas de los más desfavorecidos, de los que menos tienen, los perdedores impenitentes de este gran casino en el que se ha convertido la sociedad española, en la que sólo unos pocos ganan. La banca siempre gana. Pero no es la única. Grandes empresas y grandes fortunas privadas hacen y deshacen tramas a su antojo, en su beneficio.

Ni siquiera los medios de comunicación (a los que se llamó el cuarto poder) saben ya cuál es su verdadera posición en el escalafón de los que toman las decisiones. Las bolsas mundiales suben y bajan sin que existan razones demasiado aparentes. La capitalización bursátil parece tomar una senda peligrosa en todo el planeta, pero más bien se asemeja todo a una prestidigitación del único poder del mundo: el dinero, que cambia de manos en cantidades inimaginables a la velocidad de la luz, mientras los ciudadanos del común asistimos atónitos y asustados a ese acto programado de magia negra. Las acciones bajan y muchos se hundirán en la miseria, pero después otros harán que suban y se enriquecerán más aún. Hasta la próxima. Ellos saben bien cuál será el mejor momento.

En efecto, detrás de todo está el miedo. Tan efectivo, eficaz y letal para la población. Aquí vale todo, cualquier catástrofe de la Naturaleza es bienvenida a este baile funesto. El caso es sembrar el pánico con toda clase de maquinaria, climatológica, sanitaria, terrorista o no, puesta al servicio de los grandes maquinadores.

No me gustan los vaticinios. Nadie es profeta en su tierra. Pero me huele muy mal lo que está pasando en mi país. Esto no acabará bien porque nuestros posibles gobernantes carecen de suficiente entidad para despojarse de su disfraz de marioneta. No hay calidad. Tampoco valentía. No vaya ser que esos posibles acuerdos no agraden a los amos.

Yo reclamo a su portavoz que, al igual que dicen que hizo Moisés con las tablas de la Ley, diseñen ellos las normas y pongan presidente y ministros para ejecutarlas. Y nos dejen en paz. No necesitamos una democracia. Haremos lo que nos digan. Como siempre ha sido en todos los tiempos. Hasta que un buen día del futuro, los reptilianos abandonen este planeta.




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