domingo, 27 de diciembre de 2015

UN AÑO MÁS

UN AÑO MÁS (por Larry Romántico)

Cuando era un adolescente jamás me preocupé por el devenir del tiempo, pues los días me parecían inacabables, repletos de actividad hasta caer exhausto en el sofá y comenzar a dormir como una marmota.

Han pasado muchos años desde entonces y ahora me asusta echar un vistazo a un llavero-calendario que aún conservo, regalo de un familiar que visitó India, en el que se pueden visualizar los meses hasta 2020.

Siempre pensé que, allá por 2025 o así, estaríamos gobernados por máquinas inteligentes. Pero eso se ha anticipado y hoy en día ya somos esclavos de ordenadores, tabletas y teléfonos móviles. Es muy probable que la mayor parte de los extraterrestres que decidan visitarnos, si es que tienen algún interés en nosotros, sean en realidad formas de vida artificial que viajan por el cosmos a través de distintas dimensiones inaccesibles para la especie humana.

Me pregunto qué tipo de significado tendrá el tiempo para tales navegantes intergalácticos, si cumplirán años como los mortales y si ello les supondrá un peso insoportable como me ocurre a mí mismo. No estoy seguro de que, en el caso de que su existencia transcurra por ciclos, el fin de cada uno de ellos coincida con alguna celebración, como nos sucede en España con las Navidades y el Año Nuevo. Sospecho que carecen de grandes almacenes como aquí, a los que acude la gente en masa para consumir de manera exagerada cosas que, en el fondo, no necesitan.

Tampoco sé si esas máquinas inteligentes convocan elecciones para elegir a sus líderes, si son capaces de concluir pactos de gobierno, o si han encontrado ya la clave para erradicar la corrupción. Pero me gustaría creer que, al menos, han sobrevivido a su propia destrucción y que podrían ayudarnos en la tarea de no cometer los mismos errores en los que las civilizaciones extraterrestres cayeron y corrigieron para no desaparecer.

Por un lado, me gustaría vivir el tiempo suficiente para que los investigadores y voluntarios del Proyecto SETI lograsen, por fin, identificar una señal inteligente con la plena convicción de su origen extraterreno. Eso sucederá probablemente dentro de 20 ó 30 años. No obstante, para entonces, quizás yo haya perdido toda esperanza en el hecho de que tenemos solución. Me reconfortará conocer que, en efecto, tal y como sostengo desde hace mucho, no estamos ni mucho menos solos en este o en otros universos. Pero será tarde para mí, un pobre anciano al que la artritis le impedirá tocar la guitarra y que no podrá volver a cantar por falta de ventilación pulmonar.

La culpa la tienen los años. Y ahora uno más, más culpable aún que los anteriores. Y el siguiente peor. Sin embargo, no me doy por vencido con facilidad y confío en que mis desesperados esfuerzos por envejecer lo más lentamente posible se vean recompensados por el hallazgo de un agujero de gusano, una ventana o una puerta adimensional de las que dicen que existen en nuestro planeta, por las que escapar de tanto tedio y renacer de nuevo con más fuerza que nunca. Sea así.  

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario