martes, 3 de noviembre de 2015

NOCHES DE DIFUNTOS

NOCHES DE DIFUNTOS (por Larry Romántico)

Estos días vuelve al ambiente social el culto a la muerte. Miles de ciudadanos de todo el país visitan los cementerios para depositar ramos de flores y macetas con plantas sobre las lápidas bajo las que yacen los restos de sus parientes difuntos.

Probablemente, muchas de esas personas siguen recordando cada día a sus seres más queridos. A mí, por ejemplo, la muerte de mi madre no se me ha olvidado a pesar del tiempo transcurrido y la llevo en mi pensamiento casi a diario. Sin embargo, no soy amigo de los cementerios. Creo que allí no moran los espíritus sino los vestigios de cuerpos descompuestos por los microorganismos.

Sin embargo, hace poco llegó a mis oídos un suceso que tuvo lugar el año pasado y que me impactó hondamente. Un matrimonio con dos hijos viajó a un pueblo castellano con la intención de visitar la tumba de los padres de ella en el cementerio situado a las afueras de la localidad. Ya caía la noche cuando el marido y la mujer atravesaron la puerta de hierro forjado, localizaron la tumba, depositaron un ramo de rosas y musitaron alguna oración, mientras el niño y la niña jugueteaban entre las lápidas ajenos a ese ritual.

Después de un rato, salieron los padres y la niña. Pero no el niño. En la oscuridad no se le veía y le llamaron. Sin embargo, el chaval no respondió. Ante la insistencia de sus padres, finalmente salió de allí. ¿Qué hacías?, le preguntaron. "Estaba hablando con Raúl", respondió. ¿Qué dices?, ¿Nos estás gastando una broma?. "No papá, te digo la verdad, está triste y quiere ser mi amigo. Le he dicho que me tenía que ir ya".

Los padres y la niña no insistieron más. Simplemente, no le dieron mayor importancia al asunto. Cosas de niños, pensaron sus padres.

No obstante, al regresar a la población, vieron una muchedumbre cerca de la plaza. Al llegar allí, preguntaron qué era lo que sucedía. La respuesta de una de las lugareñas, con los ojos bañados en lágrimas fue: "Ha habido un terrible accidente hace un rato, un coche ha atropellado a Raúl, el hijo del alcalde, y el niño ha muerto. ¡¡¡Qué tragedia más grande, Dios mío!!!".

El matrimonio palideció y su hijo, esbozó una sonrisa al tiempo que decía: "No os preocupéis, no está muerto. Os dije que he estado hablando con él".

Sin comentarios.



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