miércoles, 4 de noviembre de 2015

HORIZONTE ELECTORAL

HORIZONTE ELECTORAL (por Lalo Monsalve)

Uno tiene la sensación de que vivimos en una permanente e insistente campaña electoral, pues se suceden sin cesar los distintos comicios municipales, autonómicos y nacionales.

Por primera vez desde el nacimiento de nuestra Democracia (lo llaman Democracia y no lo es, dicen algunos) hay cuatro partidos políticos metidos dentro de un pañuelo optando al Gobierno del país. Se habla del fin del bipartidismo y todo parece indicar que será así.

Frente a lo ya conocido (y padecido) y demostrado por PSOE y PP en sus prolongadas etapas de desgobernanza, afloran Podemos y Ciudadanos como candidatos a mover los cimientos del Estado, sugiriendo futuros cambios en modos y formas que, por el momento, no dejan de ser, como no podía resultar de otra manera, meras promesas.

Lo que pareció un resurgir de la conciencia social y la participación ciudadana (Podemos), ha perdido cierto fuelle en las encuestas, después de una presión mediática y política casi insoportable en los últimos meses, buscando el desgaste de los "morados" a toda costa.

Por otro lado, los del partido "naranja" se presentan bajo la marca de las manos limpias y blancas, presumiendo de decencia, pero con un tufillo notable a liberalismo salvaje, que puede echar hacia atrás al ciudadano que ya está cansado de experimentos privados e impuestos directos e indirectos por doquier.

El PSOE es, desde hace tiempo, una holografía difusa de proyecto político. Se trata de un espectro que vaga por las esquinas mendigando un puñado de votos que resulte suficiente para mantener, a la desesperada, la llama que se apaga lentamente. Ni siquiera echando mano de figuras independientes y de críticos fracasados, el chasis mejorará con un trabajito de chapa y pintura. Se ofrece más de lo mismo, con un Pedro Sánchez que recuerda demasiado a ZP. Un producto de marketing de todo a 100.

El follón catalán está favoreciendo al PP. La gente tiene miedo con facilidad. Sobre todo, los más mayores necesitan estabilidad. La inseguridad es mala consejera de cara a las urnas. A pesar de la corrupción como seña de identidad de los populares, a los que sólo interesa hacer negocios y vaciar al Estado, mucha gente les votará porque ve en ellos la mano izquierda que España necesita. Aquellas bofetadas que servían para corregir desvaríos es algo que llevamos en los genes. En el fondo, nos va la marcha y el sufrimiento lo tenemos marcado a fuego en el ADN. Aún perviven altas dosis de masoquismo en la población más madura, que las pasó canutas hasta que consiguió un nivel de vida jamás soñado siglos atrás.

En definitiva, será divertido comprobar como el ciudadano asqueado de los políticos, volverá a introducir el voto en la urna al salir de misa o al regresar del fin de semana en el pueblo. El rebaño, teledirigido por los medios de comunicación, lo pondrá todo perdido de papeletas. No tenemos remedio. A finales de diciembre, algún afortunado tendrá la perspectiva de ser nombrado Presidente. La liará parda durante unos años y se irá a su casa con un sueldazo para toda la vida. Y sin comprar un sólo cupón de la ONCE.  



2 comentarios:

  1. Efectivamente el 20D el rebaño lo pondrá todo perdido de papeletas, pues volverán a votar a los corruptos sin ni siquiera ponerse una pinza en la nariz, no les hace falta. Manuel Vicent, allá por el mes de marzo, hizo una radiografía muy precisa del asunto diseccionando con un finísimo bisturí a estos votantes en su artículo de opinión “Infección” http://elpais.com/elpais/2015/03/27/opinion/1427468272_148507.html
    (…) A estas alturas, un ciudadano libre tiene la obligación de saber que votar a un Gobierno corrupto es un acto inmoral, que te hace cómplice de la corrupción. Te creías vacunado contra esa basura, pero un día el espejo ante el cual tu rostro se refleja, puede que te dé un veredicto fatídico: si de forma consciente votas a un político corrupto es porque tú en su caso harías exactamente lo mismo.

    Manolo

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    1. Desde luego, si votas a un corrupto, estás corrompiéndote tu también si es que ya no lo estás. De hecho, de la inmundicia general parece que sólo queda por ahí el brazo incorrupto de San Nepomuceno. El resto, huele a podrido.

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