sábado, 21 de noviembre de 2015

BECARIOS SENIOR

BECARIOS SENIOR (por Lalo Monsalve)

Aunque no soy muy amigo de las citas, y menos de las bíblicas, traigo hoy a colación, por su pertinencia, una de los Proverbios: “La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la honra de los ancianos, sus canas”.

Y es que la otra tarde estuve viendo “El becario”, una estupenda interpretación de Robert de Niro, sobre la posible aportación a la vida laboral de aquellas personas que, una vez retirados, siguen echando de menos trabajar en una empresa.

Recomiendo en particular esta película tanto a los jóvenes emprendedores o no como a los mayores que están aburridos de tanto viaje turístico sin sentido con cargo al INSERSO, de las interminables jornadas en el centro social, las partidas de petanca, ajedrez, dominó o mus en los parques, las labores de punto a pesar de que la vista ya no da más de sí, las agotadoras visitas de hijos y nietos y muchas otras actividades de ocio, así como las consabidas consultas, análisis y pruebas médicas ineludibles, debidas a los achaques de la edad.

Me consta que hay muchos casos de señoras y señores que, prejubilados o no, estarían dispuestos a colaborar prestando de manera gratuita y altruista sus conocimientos y experiencia a los más jóvenes. El saber, las canas y la fuerza, el vigor y el ímpetu juvenil pueden resultar en una combinación arrolladora que se lleve por delante todas las dificultades e impedimentos. La iniciativa imparable, las ganas sin término, junto a la reflexión, la calma y la discreción son ingredientes de una fórmula magistral que puede conducir al éxito en la persecución de las más complicadas metas.

Sin entrar a valorar algunas circunstancias del film (como es el caso de ciertos gags y su propio desenlace poco creíble), me quedo con la importancia del mensaje que transmite. El pack integrado por juventud y veteranía no sólo es capaz de funcionar en el ámbito del trabajo, por muy vanguardista que sea una empresa, cuando media un mínimo de confianza recíproca, sino que puede significar un estímulo también para la realización personal por ambas partes, a pesar de las aparentes dificultades relacionales y las barreras físicas y mentales que se derivan de una enorme diferencia de edad.

Me atrevo a recordar que no sólo los mayores padecen las duras consecuencias de una existencia en plena soledad. Hoy en día es ya un tópico que multitud de jóvenes se sienten solos, a pesar de la proliferación de tanta red social y espíritu de fiesta. No obstante, mucho me temo que no están para escuchar monsergas de la gente mayor, porque ni siquiera se detienen a escuchar a sus propios padres.

Yo fui un adolescente al que le gustaba escuchar batallitas de abuelos, vivencias de lobos solitarios fracasados o triunfadores y tristezas de viejas viudas. Sin embargo, ahora que vivimos en la sociedad de la información, que nos desborda por todas partes, parecerá extraño que manifieste que echo de menos aquellas conversaciones en las que aprendí tantas y tantas cosas, y me percaté de que lo que le sucedió un día a uno también te puede ocurrir a ti mismo.

En ese caso, si él o ella actuaron sabiamente, será bueno tomar nota. Y si se equivocaron y la cagaron, pues también. Y si a uno le dejó la novia por otro, o si le tocó la lotería y se lo gastó todo en gilipolleces y se arruinó, o si fue capaz de comprarse tres pisos ganando una mierda de sueldo, o si pudo alimentar y educar a cinco hijos con un marido fallecido de manera súbita y a temprana edad. Todo eso me pareció aprovechable. En definitiva, un alumno de la Universidad de la Vida en una carrera
para la que no hace falta matricularse. Numerosas asignaturas cursadas por unos y otros, que también te va a tocar estudiar a ti. Más vale que te dejes aconsejar, para que te resulte más fácil aprobar cada curso.

De lo contrario, lo llevas crudo, compañero/a.



No hay comentarios:

Publicar un comentario