sábado, 5 de septiembre de 2015

TRISTEZAS

TRISTEZAS (por Larry Romántico)

Llevaba ya casi unas dos horas conduciendo por la autovía cuando reparé en aquellas altas nubes rojizas, que permanecían fijas en el cielo crepuscular, como manchas trazadas en uno de esos cuadros impresionistas que abundan en los museos. Era como si todo se hubiese detenido allí arriba. Algo bello e inquietante a la vez.

El conjunto, aquella luz tenue, apagada, inundó mi alma como un torrente cargado de honda tristeza. De repente, el cerebro recuperó algunas imágenes de mi infancia, a lomos de la bicicleta de mi padre, recorriendo el camino polvoriento que se dibujaba en paralelo al curso del río, mientras observaba aquel cielo precioso, azul intenso, sobre las montañas que se elevaban por el horizonte.

Yo solía hacer ese recorrido muchas veces y, casi siempre, canturreaba la misma canción en un spanglish irreproducible: "California Dreaming", de Mamas and The Papas. Ahora rememoraba esos recuerdos, tanto tiempo después, y la nostalgia provocó que un par de lágrimas aflorasen y resbalaran por mis mejillas. Nada que un humilde pañuelo de papel con olor a menta no pudiese resolver.

Le doy mucho valor a momentos como el que acabo de describir porque soy consciente de que aún, después de todo, soy capaz de emocionarme, de conmoverme con las pequeñas cosas de la vida. Ni que decir tiene que llegué triste a mi destino para pasar un fin de semana más en el campo. Sin agobios. Rodeado de naturaleza por doquier.

A la mañana siguiente, volví a encontrarme con el cielo, las nubes y otro tipo de luz, distinta. Todo era mucho más alegre. La fuerza del viento impulsaba un cambio en el paisaje celeste. Una bandada de pájaros desafió mi mirada y una sonrisa se dibujó en mis labios cuando observé que una oveja, posiblemente descarriada como yo, me hacía frente con cara de boba.

Pasar de la tristeza a la alegría o viceversa no es ajeno a la condición humana y sucede con más frecuencia de la que pensamos. Es probable que a otros les resulte más difícil, pero no a mí. Quiero seguir fluyendo. Dejarme llevar. Aceptarlo todo como venga y dar gracias, supongo, por seguir vivo todavía. Espero que por muchos años. Así sea.

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