lunes, 6 de octubre de 2014

ÉBOLA

ÉBOLA (por Lalo Monsalve)

En las últimas semanas, me ha impresionado conocer detalles de las vidas de los dos religiosos españoles, tristemente fallecidos a causa del contagio con el virus del Ébola.

Es muy difícil entender toda una existencia dedicada a la atención sanitaria a los demás, precisamente a aquellos que menos tienen, las gentes del continente africano más castigadas por el olvido y la pobreza. En el mundo superficial en el que nos movemos, normalmente no consumimos un minuto en pensar acerca de lo poco que hacemos por los otros. Por el contrario, hay individuos que se levantan cada mañana con una única idea: hacer la vida imposible a los demás. Nacieron para fastidiarnos.

¡Qué diferencia con la tarea de aquellos dos médicos!. ¡Qué envidia puede llegar a sentirse cuando más de uno compare su paupérrima trayectoria personal y profesional con la de esos héroes impagables, que han muerto por una vocación íntegra, por un ideal que les ha costado muy caro!.

Se ha criticado mucho que se hayan puesto todos los medios disponibles para traerles a España e intentar salvar sus vidas. Los cínicos y estúpidos de siempre les han tildado hasta de privilegiados, comparando su suerte con la de los que están muriendo en los países afectados y no pueden acceder a una atención personalizada a bordo de un avión privado. Craso error. Ellos merecían eso y mucho más. Y es una lástima haber fracasado en el intento.

Al parecer, ahora tenemos una sanitaria española contagiada. Se ponen en cuestión protocolos y actuaciones. Se dice que si no hubieran venido a España, no se habría contagiado a nadie. Una coartada más para los xenófobos. No nos mezclemos, y no nos contaminaremos. Cerremos fronteras. Pero es inútil. Ese virus puede destrozarte en menos de una semana. Los contagios continuarán porque no hay tratamiento definitivo. Es sólo cuestión de tiempo.

No seré yo quien presuma de devoción a los curas. Pero los que entregan su vida a beneficio de las misiones me merecen un enorme respeto, mucho más que a los que hacen ostentación de la púrpura.

Soy consciente de que de algo hay que morir y de que tenemos escrito nuestro nombre en el listado de futuros decesos. Ahora bien, por mi parte, prefiero fallecer de Ébola y no del asco que me producen determinados comportamientos.


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