sábado, 23 de noviembre de 2013

SU CHICO

SU CHICO (por May Morate)
 
No soy una mujer que se deje llevar por la nostalgia, pero esta mañana ha sucedido algo que me ha puesto un poco "depre". Después de tomarme una infusión de rooibos, he sacado algunos álbumes de fotos de una antigua librería de madera de fresno, que conservo de la herencia de mi padre.
 
Mientras hojeaba uno de ellos, lo creáis o no, ha aparecido la misma fotografía de El Chico del Niki Rojo que figura en la portada de este Blog. Y, de súbito, me ha venido a la memoria la imagen de mi tía Katherine.
 
Ella conoció a El Chico en esa misma playa, de una manera casual y curiosa. Mi tía y su amiga Dominique daban una vuelta después de comer y se sentaron en un banco del paseo marítimo. Por allí pasó El Chico, que había salido del apartamento alquilado por sus padres para fumar un cigarrillo.
 
Les llamó la atención el muchacho, con aquel niki rojo, y le gritaron para que se acercase a ellas, con el pretexto de pedirle tabaco. Mientras encendía su pitillo, mi tía le preguntó: ¿Pourquoi les espagnols ne souriez pas jamais?.

Como el chaval había estudiado francés durante el bachillerato, no tuvo grandes problemas para rebatir esa tesis y mantener una charla durante un rato con aquellas chicas. Al final, quedó demostrado que algunos españoles sí sabían sonreír y se citaron para verse la mañana siguiente en la playa. Los días que se sucedieron fueron inolvidables para mi tía.
 
Tuvieron que pasar muchos años hasta que ella me hablase de él. Recuerdo que fue una tarde en Cannes, al finalizar unas compras. Nos cruzamos con un joven adolescente que iba fumando un cigarrillo. Su pelo, sus gafas, su manera de caminar o su estilosa figura llamaron la atención de mi tía Katherine, que se le quedó mirando, como si hubiese visto a un fantasma.
 
Yo no pude evitar comentarle mi sorpresa y ella me contó la historia de su romance, mientras saboreábamos un capuchino delicioso en una terraza. Sus ojos brillaban y un tono emocionado hacía vibrar su voz. Me dijo que aquellos días fueron los más felices de su juventud por muchos motivos, pero, sobre todo, porque aquel muchacho parecía ser muy especial.

Katherine falleció de cáncer hace tiempo. Poco antes de morir me entregó una caja de madera con incrustaciones de nácar, en la que guardaba algunos recuerdos que deseaba que yo, su única sobrina, conservase. Entre aquellos objetos estaba esa foto, con una dedicatoria por detrás que dice: "Pour ma chère Kathrine. Un Espagnol toujours souriant".
 
Creo que, después de aquel verano, mantuvieron una relación meramente epistolar y, por circunstancias de la vida, nunca volvieron a verse. Algún  día contaré detalles sobre el impacto que me causó esa historia y los pasos sucesivos que fui dando hasta que localicé a ese adolescente, reconvertido en adulto de mediana edad, que un día enamoró a mi, entonces jovencita, tía Katherine.

Esta mañana he tenido la impresión de que a ella y a otras mujeres que he conocido les gustaba mirarse en espejos parecidos. No es mi caso. A pesar de la admiración y el cariño entrañable que siento por él, aquel chavalito no hubiese tenido nada que hacer conmigo. No es mi tipo. Y estoy convencida de que lo sabe, ja, ja, ja. 

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