domingo, 3 de noviembre de 2013

LA MUERTE OS VIENE MUY BIEN

LA MUERTE OS VIENE MUY BIEN (por Lalo Monsalve)
 
Mientras recolectaba unos pocos kilos de aceituna con destino a su conservación en salmuera, miraba de cuando en cuando hacia las primeras nieves de la temporada sobre el pico Almanzor de la Sierra de Gredos.
 
De repente, las campanas de la vieja parroquia comenzaron a tocar "a muerto". Una mala noticia para su familia. Un habitante menos en el ámbito rural.
 
Muchos de nuestros pequeños pueblos se están quedando sin gente, como consecuencia de la migración progresiva que se ha venido produciendo en los últimos decenios y también por culpa de la desidia de montones de alcaldes, que han sido incapaces de proponer soluciones y medidas para evitar la fuga de las familias y, sobre todo, de los más jóvenes. Poco a poco, han consentido que esos núcleos se mueran, como sus últimos pobladores.
 
En esos lugares la rutina y el tedio se han apoderado del paisaje. No hay industrias, ni centros sociales, ni tiendas, ni bancos y, muy pronto, tampoco quedarán escuelas. Por ello, la muerte se ha convertido en un acontecimiento social de primer orden. El domicilio del difunto o el tanatorio actúan como un elemento integrador, que congrega a todos los que aún viven en el pueblo, aunque sólo sea para compartir la tristeza y los recuerdos. Es una paradoja terrible, pero la muerte viene muy bien para pasar una mañana o una tarde o toda una noche a aquellos que sólo tienen un aparato de televisión o de radio con los que cubrir su obligada ociosidad.
 
Es curioso, pero muy lejos de allí la utilización de la muerte les viene muy bien a algunos otros que tampoco parecen ser capaces de contribuir a resolver los problemas de todos, incluidos los que vivimos en las grandes ciudades. 
 
Estos días se ha realizado una propuesta, desde un partido político de la oposición, al objeto de desenterrar del Valle de los Caídos a un par de muertos muy ilustres, y crear una especie de centro para la reconciliación y concordia nacional. Se invoca la injusticia histórica que supone la existencia de más de 34.000 muertos innominados de uno de los bandos de la Guerra Civil junto a otros miles de muertos a los que sí les pusieron nombres y apellidos porque pertenecían a los vencedores.  
 
¿Pero qué se ganó en esa Guerra?. Centenares de miles de muertos. Todos perdieron. Todos perdimos aunque no llegásemos a combatir hace ya más de 70 años.
 
Les viene muy bien la muerte a algunos políticos carentes de ideas, de verdaderas propuestas e iniciativas que sirvan para corregir sus propios errores del pasado y, asimismo, para infundir esperanza e ilusión a los ciudadanos que son siempre los que pagan la factura de tanta incompetencia, frivolidad e ineptitud. 

Podemos desenterrar a todos los muertos, en particular a los que yacen bajo las cunetas o en fosas comunes, cuyos restos son reclamados por sus familias. Podemos llenar de huesos y calaveras la geografía de España, pero eso no nos devolverá jamás lo que pudo haber sido y no fue para tantos millones de españoles.

 

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