martes, 19 de noviembre de 2013

¡HAGAN MEMORIA SEÑORES!

¡HAGAN MEMORIA SEÑORES! (por Lalo Monsalve)
 
Como si este país fuese un inmenso casino, ahora a los políticos (ex-presidentes y ex-ministros) les ha dado la locura de publicar sus memorias. Incluso compiten entre ellos para ver quien presenta su libro antes, al grito de: ¡Hagan memoria señores!.
 
Estoy seguro de que son conscientes de que la memoria es muy frágil. Nuestro cerebro tiende, por naturaleza, y por propia autoprotección, a olvidar las malas experiencias y los errores con mayor facilidad que las buenas y los aciertos. El disco duro que llevamos dentro nos sugiere, cada cierto tiempo, hacer borrón y cuenta nueva. Es una manera de ayudarnos a sobrellevar nuestra triste existencia.
 
Sin embargo, todos estos ególatras no pueden vivir sin recordarse a sí mismos, de manera tediosa y continuada, lo extraordinaria que fue su gestión, su intervención al frente del gobierno, con el único y loable objetivo, claro, de que, un día tras otro, nosotros hayamos sido más felices todos estos años, sin duda gracias a ellos.
 
Pero os equivocáis González, Aznar, Zparo, Bono y Solbes. Es inútil el empeño que os obceca. Podéis escribir miles y miles de páginas basadas en las anotaciones que figuran en cuadernos azules o rojos. Lo cierto es que vuestra verdadera memoria somos nosotros, los demás, unas cándidas víctimas.
 
Nosotros os padecimos, os soportamos, os aguantamos. Nos pusísteis perdidos de tanta estupidez, orgullo, desprecio, altanería e incompetencia, de tanta desvergüenza. El resultado de todas aquellas gestas irrepetibles, de tanto vano esfuerzo y frivolidades varias es este país, del que se carcajean hasta en África, porque estamos los últimos de las diversas filas en las que los que mandan nos van colocando a su conveniencia y también por nuestros propios méritos.
 
A mí me dan igual los codazos y los empujones de los cuatro pelotas incondicionales que os acompañan a las presentaciones de los bodrios que habéis escrito y por los que os han abonado inmerecidas millonadas. Me parece triste que esos pobres individuos malgasten siquiera una tarde escuchando vuestras falsedades, porque lo que decís en esos cientos de folios sólo son mentiras. Basta ya de tanto fatuo examen de conciencia. No os molestéis. Las editoriales han hecho un mal negocio. Las ventas serán pírricas porque los hipotéticos compradores sabemos que nada es verdad.
 

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