domingo, 6 de octubre de 2013

EL CIRCO DE ESPAÑA

EL CIRCO DE ESPAÑA (por Lalo Monsalve)
 
Aunque suene a tópico, si hay algún oficio que me merece especial admiración ese es el de payaso. Parece fácil hacer reír a un niño, pero no siempre lo es. Hoy en día, es aún más complicado conseguir una sonrisa de los padres y madres que acompañan al circo a los chavales.
 
Un día se quejó Rajoy de que ZP había subido el IVA de "los chuches". Sin embargo, ahora que es el Presidente del Gobierno de España no sólo ha subido ese impuesto a las golosinas sino a casi todos los productos imaginables. Sospecho que muy pocas personas están para risas, incluidos los niños, que ahora saborean menos "chuches".
 
Nuestro país se parece mucho a un circo, pero con reminiscencias del antiguo Imperio Romano. Miles de gladiadores salen cada día de sus casas sin tener una idea clara de si volverán convertidos en carne de ERE o desempleados. Los políticos actúan como auténticos payasos, intentando que el público esboce una sonrisa e incluso llegue a reírse a carcajadas. Pero lo que nos cuentan no nos hace ni puta gracia y la mayoría no nos creemos una palabra de sus milongas.
 
Pocos se tragan los mensajes que aseguran que estamos saliendo del abismo. Los niños ven lo que ocurre en sus hogares y tampoco sonríen como antes. Los médicos saben bien que uno de los síntomas del botulismo es una sonrisa sardónica, derivada de un trastorno de tipo neurológico provocado por el Clostridium botulinum. Si seguimos bajando la guardia en el control de los alimentos y empezamos a "pasar" olímpicamente de las fechas de caducidad y de las exigencias en materia de seguridad alimentaria, terminaremos todos sonriendo, pero de manera involuntaria y mecánica, camino de una muerte anunciada.
 
Cada día que pasa, cada semana o mes, el número de gladiadores desciende. Las fieras del mercado laboral se los comen poco a poco. En este gran circo los asientos los ocupan los empleadores. Les gusta ver cómo los luchadores compiten entre ellos por unas migajas (contratos basura, salarios miserables, precariedad total). Alguna vez levantan los pulgares, pero las más apuntan hacia abajo y el personal de batalla regresa a casa con la misma tristeza de los últimos meses, de los últimos años.
 
Si hubo un tiempo en el que los circos estaban plagados de payasos y fieras que hacían las delicias de los espectadores, ahora el panorama ha cambiado. Se tiende a un enorme escenario de arena, un inmenso desierto, cuya carpa es imposible, por su extensión. No hay tanta tela de rayas para cubrir el espacio que ocupan millones de gladiadores, que siguen tratando de sobrevivir a tanta fiera corrupia.

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