jueves, 19 de septiembre de 2013

TAPAR AGUJEROS

TAPAR AGUJEROS (por Lalo Monsalve)
 
Cuando alguien gana cualquier tipo de premio en metálico y se le pregunta acerca de cuál será el destino que le dará al dinero, casi siempre la respuesta es la misma: "tapar agujeros".
 
Hay agujeros y orificios. Parecería que estos últimos tienen un status diferente, es como si fuesen de otra categoría superior. En efecto, según el Diccionario de la RAE, se trata de aberturas de ciertos conductos anatómicos, lo que sugiere personas o animales. Por contra, los agujeros son simplemente aberturas, más o menos redondeadas, en cosas.
 
Sin embargo, en este mundo en que vivimos muchas veces las cosas están resultando ser más importantes que las personas, se valoran más. Por ello, nadie dice que tapa orificios sino agujeros. La gente se refiere continuamente a cosas. Al dinero se le podría dar multitud de usos distintos, que tuviesen como principales destinatarias a las personas. Pero no es así, por desgracia.
 
A la vista de todo lo anterior, cuando uno conoce que, durante unas obras de reforma, una empresa ha tapado los agujeros provocados por las balas durante el asalto al Congreso de los Diputados aquel 23 de febrero de 1.981, tiene la impresión de que también se están intentando tapar los agujeros de la reciente Historia de España, de un suceso importante en nuestras vidas, en suma.
 
Es como tratar de tapar los agujeros de un queso de Gruyère. Algo que, si se piensa con algo de detenimiento, no tiene sentido.
 
Cuando observas este tipo de cosas, te dan ganas de taparte los orificios de los oídos (para no romperse los tímpanos), de la nariz (por lo mal que huelen este tipo de acciones), o incluso, el orificio que está situado entre los glúteos, con el fin de impedir que nos sodomicen cualquier día de estos sin ánimo alguno, al menos por mi parte, de que ello ocurra.

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