viernes, 13 de septiembre de 2013

SIÉNTENSE DE UNA VEZ, POR FAVOR SEÑORES

Cuando no has tenido más remedio que emplear casi quince horas de tu vida en efectuar un viaje de ida a Riga (Letonia), te das cuenta de la burrada que comete Iberia al suspender su vuelos hacia esa bonita ciudad báltica, a partir del 1 de septiembre.
 
Como ya he comentado en este foro, este es mi mes favorito. Y me fastidia que me hayan atracado unas 30 horas con largas esperas en aeropuertos para hacer unas conexiones que, más bien, parecen desconexiones sinápticas.
 
El viaje de ida desde Bruselas en Air Baltic fue sorprendente, pues pareces remontarte a la Segunda Guerra Mundial, subido en un aparato con dos hélices y un tren de aterrizaje de lo más "camp", que aterroriza en vez de aterrizar.
 
Si regresas un viernes, sólo hay un único vuelo a Bélgica que despega a las 6,05 a.m. Me hice un pequeño lío con los tiempos, supongo que a causa de la falta de tiempo para dormir, y me presenté en un edificio casi vacío a las 3,35 a.m. después de despertar a un taxista, que soñaba plácidamente con una de aquellas rubias que habitan en las costas del Golfo de Riga.
 
Pues bien, en los dos vuelos de Air Baltic, juraría que ningún pasajero se movió un ápice. Ni se escuchó tampoco a nadie. A veces, los silencios denotan una educación máxima. Todo lo contrario que en los vuelos a Bruselas que hice desde Madrid. En particular, el último: filas de atrás; ruido de motores; grupo de jubilados; discapacitado con parálisis al que un compañero de asiento no le permite situarse en la ventana, con la consabida discusión a gritos; muchacha con algún tipo de deficiencia cognitiva, que se dedicó parte del vuelo a lanzar avioncitos de papel hechos por ella misma sobre las cabezas de los pasajeros, y decenas de canosos/canosas, prostáticos y con pérdidas de orina, respectivamente, levantándose, una y otra vez al W.C., sin parar de hablar todo el trayecto. Todo ello, sazonado con un par de padres ejemplares, dedicados a pasear niños que habían perdido algún calcetín, al tiempo que sus señoras hojeaban la revista Ronda. Eso, en un vuelo de dos horas. ¿Imagináis un Madrid-Nueva York con toda esa canalla?.
 
Para alguien como yo, que había dormido unas dos horas, el tinglado montado era todo un poema. Me habría gustado levantarme y gritar como aquellos adláteres del Teniente Coronel Tejero: "¡Se sienten, coño!" o bien: "¡En beneficio de todos, cállese señora!. Me sentía indignado, sin poder pegar un ojo. Pero recordé a los bálticos, me serené, preguntándome por qué no me habría quedado contemplando tranquilamente el río Daugava desde el magnífico puente de Akmens, unos días más, unas semanas más.

Tallín (Estonia) no está nada mal. Pero no se puede comparar con Riga, ni de lejos. Aunque eso sólo llegas a saberlo si andas de aquí para allá, como decían los de La Unión.

http://www.youtube.com/watch?v=d_APM1CC3Pg
 

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