martes, 3 de septiembre de 2013

NACER POR AZAR

Este es un Blog en el que se tratan temas muy diversos. Tan pronto se alude a la música, como a la filosofía china o al devaneo de los famosos por Marbella. Era la idea primigenia. Contenidos que pudieran llegar a cualquier persona, sin pretensiones. Gente de lo más normal. Como la mayoría, dentro de la que uno se pierde cada día esté donde esté, pues no estamos solos ni podemos vivir en completa soledad.
 
Desde siempre me gustó observar a las personas, escucharlas. Puede aprenderse lo indecible. Pero también se sufre al comprobar que los demás no resultan ser como imaginaste. Cada uno es como es. Y me he convencido de que eso es mejor que un mundo de clones. No obstante, puede que la culpa no sea de la persona en sí, sino de su entorno, su hábitat. El ámbito en el que le tocó venir a este planeta. Si hay un culpable, ese es el azar.
 
En su momento, me pregunté por qué nací donde nací y no en otro lugar. Y luego valoré mi suerte por haber crecido bajo la tutela de unos magníficos padres y una familia estupenda.
 
Un día le pregunté a mi entrañable amigo David, fallecido en plena madurez, si estaba seguro de que el dinero que había entregado a una ONG para ayudar a unos niños desvalidos de África Central llegaría a su destino. Sin dudar un instante, me respondió: "Aunque sólo recibieran una sola peseta mía, ya habría merecido la pena mi donativo".
 
La contestación tiene su miga. Y también puede invitar a la reflexión sobre el azar y la llegada a este mundo. Haber nacido en un país determinado, teniendo en cuenta que hay infinitas probabilidades de haberlo hecho en cualquier otra parte, desde luego, da que pensar. Y es algo que marcará para siempre nuestro destino porque no es posible olvidar nuestros orígenes. Al final, si en un momento de tu vida no sabes hacia donde tirar, lo mejor es regresar al punto de origen. Sin embargo, muchos, los más pobres, desvalidos o perseguidos de la Tierra, no pueden permitirse volver a casa y huyen con intención de no regresar jamás. Aunque, muchas veces, les cueste la vida.
 
Una de las preguntas que yo lanzo al viento, por si éste tuviera la clave, como decía Bob Dylan, es la siguiente: "¿Es más feliz un niño de cinco años de edad jugando con la play station en un hogar de una gran urbe española o un niño de la misma edad, que está llenando un vaso de agua potable extraída de un pozo recién construido en Somalia, gracias a la ayuda altruista de cualquier colectivo?.
 
¿Tiene sentido nacer en un mísero país africano para morir a los pocos días a causa de una epidemia?.
 
Cuestión interesante sería conocer si nuestra propia vida ha sido una compensación o un castigo derivado de una existencia anterior. En el supuesto, claro, de que uno crea en la reencarnación. De cualquier forma, al menos, sería algo que tendría algún sentido. Y una incógnita terrible saber quién toma la decisión sobre dónde y cómo será cada nueva vida asignada, y qué método de valoración se adopta.

Ese mecanismo compensatorio resultaría mucho más justificable que el hecho de que uno nazca en el seno de la opulencia, tenerlo todo, sobrarle siempre un montón de cosas y tener una larga vida feliz, exenta de problemas o enfermedades, con una buena muerte; mientras que otro haya nacido ese mismo día, a la misma hora, rodeado de una enorme miseria, que le acompañará, casi seguro, durante toda su existencia hasta la muerte prematura más indigna.

Por tanto, si hubiese alguna razón para que esa diferencia entre vidas vividas se produzca de manera continuada, sólo soy capaz de atribuirla al azar, que no cesa, ni descansa un instante. De lo contrario, para muchos millones de personas, haber nacido sería simplemente una broma pesada, de mal gusto, de un supuesto Creador que, tal vez, lo haya sido también por mero azar.

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