domingo, 15 de septiembre de 2013

GATOS Y PALOMAS

GATOS Y PALOMAS (por Larry Romántico)
 
Cuando era un chaval, el edificio en el que vivía lindaba con un solar en el que nuestro arrendador, al que entonces llamábamos "casero", tenía unas cuantas gallinas destinadas a su autoconsumo familiar.
 
Una de nuestras vecinas, preparaba cada mañana una tortilla "a la francesa", que troceaba y, desde su ventana, lanzaba los trocitos a las gallinas, que acudían presurosas para picotearlos.
 
Nunca comprendí bien la actitud de aquella señora, aunque supuse siempre que se trataba de un acto de suma bondad. Un día aquella buena mujer murió y, desde entonces, no he visto nunca gallinas más tristes y solas.
 
Seguro que hay muchas maneras de medir o cuantificar el grado de soledad, pero yo recurro al método de los gatos abandonados y las palomas, que merodean y habitan en los parques y jardines de las grandes ciudades, para deducir el nivel de soledad de su población.
 
Admiro la bonhomía de tantas y tantas personas, solas, que acuden con sus bolsas de pan, semillas y otros alimentos para dar de comer a esos animales, a los que acarician y hablan, como si resultasen ser su única familia o amigos. Es algo bello observar a una ancianita rodeada de palomas y pajaritos, como también lo es escuchar los maullidos agradecidos de una manada de gatitos hambrientos, deseosos de lamer la leche de un recipiente o mordisquear unas sardinas enlatadas.
 
No obstante, me gustaría que, en lugar de palomas y gatos, las gentes dieran de comer a otras gentes que lo están pasando mal y lo necesitan. Y, sobre todo, que no pareciesen ser invisibles, y que se les hablase, como se hace con las palomas y los gatos.
 
Me preocupan mucho, asimismo, los "niños de la calle", que merodean sin rumbo fijo por tantas urbes del planeta, sin nada que llevarse a la boca, desasistidos y solos. ¿Cómo medir su soledad?. ¿Cómo tratar de expresar la desorientación de los chicos que no tienen futuro?.
 
Sixto Rodríguez, cuya impresionante historia no dejo de aconsejar a todos que vean en forma de película (Searching for a Sugar Man), reflejó de manera magistral en una de sus canciones, hace cuarenta años, la vida de los chicos de las calles de Detroit, que bien pudieran encontrarse, hoy mismo, en cualquier otra parte del mundo.
 

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