miércoles, 24 de julio de 2013

RECORTES


RECORTES (por Lalo Monsalve)

De un tiempo a esta parte, en casi todos los hogares suele haber una máquina eléctrica para cortarse el pelo, lo cual ha tenido como resultado un duro golpe para las tradicionales peluquerías de caballeros. 

Cuando yo era niño, iba a la peluquería acompañado por mi madre, a la que le preguntaban: ¿Cómo quiere usted que se lo cortemos al chaval?. “A tijera, cortito y a raya”, contestaba ella. Otras madres referían otros estilos. Por ejemplo: “A navaja” o “A lo Marlon Brando”. A algunos les recortaban más el flequillo que a otros, y lo normal es que te dejasen perfilado el cabello del cuello, a la altura de la nuca, en línea recta o curva. Esos son los cortes y recortes que yo recuerdo de mi infancia. 

En nuestros días proliferan otro tipo de tijeretazos, que van directos al bolsillo del ciudadano. Han comenzado por la Sanidad y la Educación, pero también hay otros distintos a las meras subidas de precios y de tributos directos e indirectos. 

Me comentan que a los funcionarios les están reduciendo brutalmente las ayudas sociales de un año a otro. Ese tipo de ingresos también existen en las empresas privadas, sobre todo en las grandes compañías. No olvidemos que resulta gratificante y estimulante, para cualquier trabajador o empleado público, recibir una ayuda para cubrir parte de los gastos de transporte, de dentista, de gafas o lentillas, o para los costes derivados de los estudios de los hijos. 

Pues bien, hay organismos públicos en los que el montante global de las ayudas sociales se ha reducido un 80% y corren el riesgo de desaparecer en un par de años. Es decir, no sólo les reducen el sueldo a los funcionarios o se les congela de manera permanente sino que, además, les van dejar sin las ayudas de carácter social, e incluso, está en peligro hasta el abono para el transporte público. 

Estamos hablando de cantidades totales de unos 150.000 euros al año para una institución en la que trabajan unas 400 personas. O sea, un importe similar al de los presuntos sobresueldos individuales que percibían, de manera poco clara, determinados miembros de cierto partido político. 

En definitiva, después de tantos y tantos años, volvemos a recordar la tijera y nos vamos todos a casa más cortitos y, desde luego, a raya. Nos mantienen a raya. Y lo que nos espera.
 

 

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