lunes, 8 de julio de 2013

OBESIDAD INFANTIL

Los medios de comunicación siguen haciéndose eco de los esfuerzos de los gobiernos para combatir las elevadas tasas de obesidad infantil en las sociedades desarrolladas.

Son varios los factores que influyen en este problema, pero, además de la genética y la alimentación, la causa principal es el sedentarismo de niños y adolescentes.

En mis pandillas, no parábamos un solo instante. Al salir del colegio, lo primero era jugar un rato antes de ir a comer a casa. No había nada mejor para abrir el apetito como un poco de "dola y lique" o unos cuantos tiros a puerta con cualquier cosa esférica.

Pero lo mejor llegaba por la tarde, cuando ibas con la familia a la plaza de las columnas o al parque. Enseguida, encontrabas chavales con los que disputar un buen partido de fútbol. La alternativa era quedarse cerca de casa y jugar una partida de "guá" o al tacón, o dar unas cuantas vueltas a la manzana, corriendo como una gacela, intentando batir los sucesivos records de los amigos.

El caso era moverse sin cesar y acababas la dura jornada completamente extenuado. Algunos no engordábamos ni un gramo, a pesar de las meriendas a base de bocatas de chorizo, o pan con chocolate, tostadas con margarina de colores, o inmensas tortas denominadas "zapatillas", donuts redondos o con forma de estrella (estrellitas "Castro").

Había otras actividades que, en apariencia, eran menos movidas, pero que no dejaban de ser verdaderos retos: jugar a la máquina "pinball", el futbolín, el ping-pong, o el billar.

Lo cierto es que, ya fuese en la ciudad o en el pueblo donde veraneabas, casi no había gorditos, porque era complicado engordar. Ahora tengo claro que aquellas meriendas estaban lejos del paradigma de una alimentación sana y equilibrada, pero nos aportaban la suficiente energía para mantener aquella vida tan agitada.

Es muy probable que, si hubiesen existido los ordenadores y los teléfonos móviles, mis amigos y yo habríamos pasado los días de manera muy diferente, completamente viciados en nuestras respectivas habitaciones, sin necesidad alguna de desplazarnos a casa de los demás para compartir tantas y tantas cosas.

Por todo ello, considero trascendental que los padres regulen los horarios de ocio de sus hijos y que les obliguen a dedicar un tiempo a jugar física y no virtualmente. Corretear, saltar, aprender a caerse cuando te ponen una zancadilla, subir y bajar de un árbol, montar en bici lo antes posible, son actividades tan necesarias como familiarizarse con las nuevas tecnologías. En el equilibrio está la virtud.

En otro orden de cosas, está la responsabilidad de los fabricantes de productos alimenticios, en especial, los de bollería, al objeto de investigar fórmulas equilibradas que reduzcan al mínimo los contenidos de determinadas grasas saturadas y aditivos, y utilicen cantidades adecuadas de azúcares saludables.
   

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