domingo, 21 de julio de 2013

MÁS ALLÁ DE TODO

MÁS ALLÁ DE TODO (por Larry Romántico)
 
En ocasiones nos sacuden el cuerpo y la mente noticias que nos hablan de la desaparición, en circunstancias casi siempre extrañas o trágicas, de personas que la sociedad reconoce como ídolos. Algunos de esos casos me han afectado de manera especial.
 
Iconos a quienes los demás idolatran porque han destacado en el desempeño extraordinario de ciertas habilidades en el campo de las letras o de la música, por citar solo dos ejemplos.
 
Me he preguntado muchas veces qué es lo que conduce a ese tipo de gente hacia la autodestrucción, de una manera, más o menos progresiva. Muchos dicen que la culpa la tiene el éxito o el fracaso.
 
Sin embargo, cada nuevo episodio que conozco me lleva, de manera recurrente, a volver a pensar en la trascendencia. Algo que va más allá de las sensaciones y sentimientos que uno podría experimentar o manifestar en nuestro mundo.
 
Tal vez la clave se encuentre en la imposibilidad de describir con palabras o con notas musicales, por seguir con los mismos ejemplos, lo que uno tiene dentro de sí mismo y que es incapaz de revelar, debido a las limitaciones de la naturaleza humana.
 
En efecto, sospecho que llega un momento en el que el alcohol, el sexo o las drogas ya no ayudan a superar el inmenso dolor que puede morar en alguien que sabe perfectamente que su alma es cautiva de su cuerpo y necesita trascender, más allá de todo lo conocido en este mundo tan real. Quizás todos esos ídolos están marcados por la señal indeleble de no pertenecer a este planeta, sino a un universo que tampoco figura en las cartas que manejan los astrofísicos.
 
También me he planteado que ellos no tienen la culpa de habernos dejado solos, sin más poemas, sin su voz, sin su música. Es a nosotros todos a quienes corresponde la responsabilidad de haberles convertido en lo que ellos creían que eran: nuestros espejos ideales.
 
Es muy difícil mirarse cada mañana y decirse y reconocer que lo que realmente nos sucede es que somos como somos, justo lo que somos. Lo sabemos bien. Es inútil engañarse. Nuestro espejo no es idéntico al de los demás, pero ¿qué ven los demás en mi espejo cuando mi imagen se refleja en él?. Sospecho que me quitan y me ponen capas de todo tipo, me hacen mejor o peor de lo que yo sé que soy.
 
Hay un verdadero marketing que habla de nosotros, lo que nos vende ante la sociedad. Pero yo, al menos, no deseo estar en venta, aunque todos tengamos un precio. Después de todo, hay que intentar comer todos los días.   
 
Hasta ahora, por fortuna, conozco mis limitaciones. Estoy seguro de que nunca llegaré a ser un ídolo para nadie y eso me tranquiliza. Lo único que me pone nervioso es la dificultad de intentar expresarme de la mejor manera posible para hacer llegar mis humildes mensajes a quien quiera leerlos o escucharlos de buena gana. Aún no he sentido esa necesidad de trascender más allá de todo y espero que eso sea así durante mucho tiempo, porque me considero un ser normal. Soy uno más entre todos. Simplemente, eso. Y ya es bastante.

Los Pekenikes, nos recordaron hace muchos años que hay un lugar, junto a las estrellas, en los que todos nuestros ídolos son felices y están en paz, por fin.

http://www.youtube.com/watch?v=IrKfXCRFqnI
 


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