viernes, 5 de julio de 2013

LA PUERTA VERDE


En aquellos veranos de largas vacaciones, los adolescentes trataban de pasarlo lo mejor posible. Entonces, no existían los ordenadores ni los teléfonos móviles. Las personas tenían una intensa vida social real, no virtual.

Un día alguien tuvo una idea genial para rematar los atardeceres del estío y en la puerta de un viejo almacén los chicos y chicas de la pandilla organizaban un baile nocturno muy concurrido. Después de un largo paseo, al llegar el anochecer, un tocadiscos reproducía las canciones de moda mientras las parejas bailaban y hasta algunos se atrevían a robar un beso al son de la música lenta. Otros, simplemente miraban con envidia o se dedicaban a molestar a los demás.

Ese lugar tiene una cierta magia. Y a pesar del tiempo transcurrido, merece la pena volver y sentarse junto a aquella puerta. Una novela de un gran amigo del alma recoge de manera fidedigna y, a veces poética, aquellos días, y contiene un poema que, más tarde, Larry Romántico convirtió en canción. Está dedicada a todas y todos los que bailaron o no al lado de aquella misma puerta verde. Unos cuantos figuran en una fotografía de la época que hemos colgado en nuestra página de Facebook.

 LA PUERTA VERDE

En mis sueños pude ver, chicos y chicas por la carretera,
paseando hacia Castejón, bajo los rayos de la luna llena.

Entre ellos vamos tú y yo cogidos de la mano o como quieras,
mientras canta un ruiseñor, quiero quedarme aquí la vida entera.

Estribillo (dos veces):

Esta noche bailaré contigo al lado de la puerta verde,
esta noche te diré que te quiero amor.

Esta noche bailaré contigo al lado de la puerta verde,
allí te preguntaré si tú me quieres también.

Cuántas veces regresé para sentarme frente a esa puerta,
recordándote otra vez y aquella música de los “setenta”.

Cantaré esta canción hasta ese día en que por fin tú vuelvas,
Llegará el anochecer y bailaremos junto a aquella puerta.

Al estribillo (dos veces).

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