martes, 2 de julio de 2013

EL FUTURO

EL FUTURO (por Lalo Monsalve)

Durante muchos años me pregunté como sería el futuro. Mi futuro. La imaginación se desborda con facilidad. Sobre todo, cuando eres un adolescente y sueñas que te gustaría ser este o aquel o tener eso o lo otro.

Es posible que algunas personas nunca dejen de ser niños o jóvenes. Tiene ciertas ventajas, qué duda cabe, e inconvenientes, ya que, de manera consciente o inconsciente, cuesta  mucho aceptar y asumir determinados roles y responsabilidades progresivas en la vida.

Tal vez el futuro sea tan solo el proyecto de la propia vida. Pero yo siempre me he atrevido a pensar que la existencia de cada uno ha de situarse en el ámbito que nos rodea. Por tanto, buena parte de mi futuro depende no sólo de mí, sino también de los demás. Un conjunto infinito de líneas entrelazadas e interconectadas en el que, el azar, juega un papel estelar. "Si no hubiese ocurrido esto o lo otro, yo no hubiera sido o estado...." He escuchado esta frase mil veces y tengo la impresión de que, la mayor parte del tiempo, la gente no es capaz de dirigir su propia vida, de asegurar su futuro, de manejar su proyecto vital.

Son demasiado numerosos los factores y las variables que no controlamos. Sin embargo, hay un hecho incontestable: el futuro siempre llega. Y nos dicen que estemos preparados. ¿Para qué?. ¿Frente a qué?. ¿No sería mejor vivir el presente con pasión, si nos dejan?. ¿Qué tipo de existencia nos aguarda en los años venideros?. ¿Es  en realidad el futuro la expresión de un presente continuado?. ¿Es el futuro el producto, más o menos elaborado, del pasado?.

Puedo atisbar algunas pistas: Será más caro estudiar y formarse. En las sociedades avanzadas la empleabilidad experimentará una relevante transformación hacia la escasez de puestos de trabajo. y peor remunerados. Pagaremos más por la Sanidad y los demás servicios públicos. La economía y las finanzas continuarán alimentando al poder y generarán más especulación y corrupción en el mundo.

Tendremos una sociedad con un enorme número de personas mayores que vivirán más de cien años con una relativa aceptable calidad de vida, aunque las pensiones serán más discretas aún. Las nuevas tecnologías lo dominarán todo, de manera que los empleos, exigirán, cada vez más, una elevada cualificación técnica.

Los medios de transporte evolucionarán con base en las energías renovables. El petróleo y los demás combustibles fósiles se agotarán. Existirán nuevas autovías ubicadas sobre las actuales, a decenas de metros del suelo, por las que volarán los automóviles, a los que se concederán permisos de ruta, despegue y aterrizaje por vía telemática.

El individualismo exacerbado pondrá en peligro las relaciones sociales no virtuales. El colectivismo se orientará hacia la proliferación de grupos sectarios. Los estados depresivos y las enfermedades mentales aumentarán en progresión geométrica y se disparará el consumo de fármacos y estimulantes. Mientras los avances de la genética y la medicina, apoyados por la nanotecnología, servirán para reducir al máximo la mortalidad del cáncer y las enfermedades coronarias, los efectos del cambio climático incrementarán las destrucciones masivas y las catástrofes y calamidades, obligando a los pueblos más desfavorecidos a seguir padeciendo penurias y muerte. Cambiarán los métodos de cultivo, las cosechas y los hábitats de las especies de la fauna y flora. Muchas desaparecerán definitivamente, a pesar de la clonación, que se llegará a practicar en humanos.

La espada de Damocles de la radicalidad islámica impedirá el avance de muchas naciones del globo y la consolidación de las revueltas sociales aumentará la escalada de tensión mundial, con la energía nuclear como amenaza siempre latente de destrucción total de la existencia humana.

Como puede observarse, no soy muy optimista. Puede que la culpa de ello la tenga mi falta de ilusión. Lo que acabáis de leer también se ha dicho en muchos libros, en los medios de comunicación y en multitud de películas. No invento nada porque no soy adivino. Pero no me tengo por tonto. Hay pocos que sean capaces de vislumbrar un mundo maravilloso de aquí al año 2050. Tal vez sea porque los que en ellos escribieron habían perdido, asimismo, toda esperanza de mejora.

Yo, Lalo Monsalve, pensé vanamente que, junto a otros muchos, podíamos cambiar el mundo. Pasaron los años y las cosas mejoraron, sin duda. Estamos, en general, muchísimo mejor que hace 100 años. Sin embargo, perdemos por momentos muchos derechos que tanto esfuerzo y lucha costó conseguir. En España, por primera vez en la historia, hijos y nietos vivirán peor que sus padres y abuelos. Será una generación que pagará las consecuencias de tantos desequilibrios y tantos excesos, de gobiernos incompetentes e irresponsables, de una irresponsabilidad generalizada en un mundo en el que, como dice Ulrich Beck en su libro titulado "La sociedad del riesgo", nadie asume las culpas ni los errores.

Para quedar bien, todos manifestamos lo mismo: ¡Ojalá me equivoque!. Pero mucho me temo que, de lo que queda por venir en los próximos decenios, no nos salvan ni los extraterrestres, que ya nos dejaron por imposibles hace mucho tiempo.

Para acabar, un último consejo: No tienes ni idea de por dónde te vendrá el futuro, así que no programes las cosas demasiado, ni a muchos años vista. Camina paso a paso por el duro camino que es la vida. Aprovecha las oportunidades y toma decisiones. Sólo se aprende de los errores, aunque te digan que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Algunos animales tropezamos muchas más veces, casi todos los días y, mal que bien, hemos llegado hasta aquí con la experiencia a cuestas. Será que también estamos hechos de trozos de mineral, como la mayoría de las piedras que conozco.

Hace unos días una viejecita me reconoció en el metro y me espetó: "Señor Lalo, no estoy nada de acuerdo con que usted diga que nada es verdad. Es usted muy pesimista. Hay muchas cosas que lo son". ¿Por ejemplo?, le pregunté. "La mirada de un niño, el color de una flor, la música del carrusel, el amor, la solidaridad, la bondad...". Yo le miré a los ojos y le respondí: "Un día lo fueron, querida señora, pero todo eso hoy no cotiza en los mercados, por lo que es como si no existiera".


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