martes, 25 de junio de 2013

LA ESTÉTICA JUVENIL DE EL CHICO

LA ESTÉTICA JUVENIL DE EL CHICO (por Larry Romántico)

A través de su entrevista, El Chico del Niki Rojo ha sacado a la luz algunas cosas que siempre he evitado que se supieran porque pensaba que no tenían demasiado interés para los demás. Por ello, y a modo de cariñosa "venganza", voy a contar algo curioso que tuvo lugar en aquellos años de juventud de El Chico.
 
En los primeros años '70, empezó a divulgarse por el barrio la especie de que un individuo había abierto una peluquería de caballeros que se salía de lo normal, incluido el precio, pues era bastante elevado. Allí, te lavaban la cabeza con champú que olía intensamente a fresas, te aplicaban un ungüento muy especial en las sienes, te ponían unos rulos y una redecilla, te colocaban la cabeza dentro de un secador de los de señoras durante varios minutos, te cortaban ligeramente el pelo a navaja y, luego, te estiraban las crines con cepillo y un secador de mano.
 
Al final, salías de allí con un "look" extraordinariamente similar al de nuestro admirado Camilo Sesto en aquellos tiempos.
 
Recuerdo que, con 17 ó 18 años, El Chico tenía un pelo muy rizado, complicado de peinar. Cuando se enteró de que Jaime (que así se llamaba el peluquero) había puesto en marcha esa maquinaria perfecta de estética camiliana, se puso a ahorrar en plan monacal. Ni tabaco, ni cerveza, ni cine.
 
No he visto aún una persona más feliz que a mi amigo saliendo de la peluquería con aquel cabello liso y brillante. Además, le aconsejaron que los dos o tres primeros días durmiera con una redecilla puesta, para no trastocar aquella obra de arte. Y lo cumplió. Daba gusto verle de aquella guisa, recolocándose cada mecha que se le iba de madre con el ligero viento del atardecer, ja, ja, ja.
 
En una de las ocasiones, el trabajo fue tan perfecto que El Chico contrató los servicios de Ricardo, uno de sus conocidos, que era fotógrafo, para que le hiciese un reportaje en el que el protagonista aparecía con una camiseta de color azul claro sin mangas muy sugerente y unos ceñidos pantalones de campana de la marca Lois. Y así se hizo y se pagó al artista el encargo.

La colección de fotos se distribuyó generosamente entre las supuestas admiradoras de mi amigo, y espero y confío en que alguna de ellas aún conserve una de aquellas copias, porque estoy dispuesto a pagarle a quien quiera lo que me pida por una de esas fotos.

De todas formas, Ricardo, si lees esto, hazme llegar los negativos, por favor.

Nota aclaratoria: Tengo que confesar que yo también visité la peluquería de Jaime varias veces. Lo reconozco. Y lo hice porque, además de su profesionalidad, vestía mucho llamar por teléfono y que te diera hora para uno de los días de la semana. Una pasada. 

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