miércoles, 26 de junio de 2013

IGNORANCIA Y AVARICIA

IGNORANCIA Y AVARICIA (por Lalo Monsalve)

Aún no me he repuesto de las imágenes que he visto en televisión, en las que, durante el transcurso de la Junta General de Accionistas de Bankia, celebrada en el Palacio de Congresos de Valencia, un individuo se despoja de su niki, se baja los pantalones y se queda en calzoncillos, dejando estupefactas a cientos de personas, mientras grita: "Así me habéis dejado". Poco antes, había solicitado que, sobre su tumba, nunca se ponga una corona con la frase: "Bankia no te olvida".
 
Y es que el panorama es terrible. Los bancos y cajas de ahorros no pagan casi ningún interés por el dinero depositado en las cuentas. Los planes de pensiones son un engaño porque, por un lado, excepto en el último año, la renta fija ha sido ridícula durante los últimos tiempos (con las comisiones, los rendimientos eran negativos) y, por otro, la renta variable resulta una ruina para los no especuladores, debido a la triste situación de las empresas. Por si fuera poco, los listos de turno han inventado productos financieros tan complejos que la gente normal es incapaz de saber lo que firma en un contrato, máxime cuando los propios empleados de las sucursales no tienen tampoco ni pajolera idea de lo que aconsejan a los clientes.
 
Ha pasado algo similar a lo que sucedió con Afinsa y Fórum Filatélico. Invierta usted en sellos de correos, que le ofrecemos un 6%. En ese momento, los bancos sólo daban uno o dos puntos de interés por los depósitos de las familias, las cuales se metieron en ese jardín sin saber nada de filatelia.
 
Y es que la ignorancia más la avaricia lleva al extremo el ansia viva. Uno cree estar haciendo el negocio de su vida, sin saber que le están estafando de manera descarada. Yo me alegro por todos los ansiosos de mala fé, que se chuleaban por haber colocado 20 ó 50 mil euros o más en preferentes, te decían que tú eras un pringao, y que ahora lo han perdido casi todo. Pero me cabrea mucho que se haya tomado el pelo a personas que pensaron que el del banco o caja del barrio era su amigo del alma, y le entregaron de buena fé los ahorros de toda una vida trabajando, en la confianza de tener una pensión más digna en el futuro.
 
Lo peor de todo esto, lo más indignante, es que no afloran culpables de esta monumental estafa financiera por ningún sitio, y los que tímidamente han sido inculpados pagan tranquilamente unas fianzas supermillonarias y no están ni 24 horas en la trena. Los partidos políticos y sindicatos que tenían representantes sentados en los consejos de administración, cobrando una pasta por asistir como estatuas mudas a las reuniones, no han llegado a ejercitar acción legal alguna contra los ladrones.
 
Puede que tengamos que actuar en adelante como lo hacía una antigua compañera de trabajo, que cobraba su nómina todos los meses por cheque y, ante mi sorpresa, nunca lo ingresaba en el banco. Iba a la ventanilla y se lo daban en efectivo. Se sentaba el sofá de su casa y miraba, una y otra vez, todos aquellos billetes verdes de mil pesetas. Sólo así se sentía plenamente consciente del valor real de su esfuerzo, más allá del apunte reflejado en el extracto bancario justificativo del cobro de la nómina. Un papelucho, comparado con todos aquellos billetes.

Los recibos y facturas de los servicios públicos más esenciales (agua, luz, gas, teléfono, comunidad...) y los arbitrios e impuestos, los abonaba personalmente en las oficinas de caja de las empresas o de las administraciones públicas. Jamás compraba nada con tarjetas de crédito. Era una auténtica y genuina militante de la antítesis bancaria. Los bancos y cajas jamás le robaron una peseta porque no se dejó atracar nunca por ellos.
 
Tenía claro que sólo a través del arduo trabajo se pueden conseguir las cosas y nunca confió en el azar. Sin embargo, un día le sugerí que rellenase un boleto de La Primitiva. Jamás le había tentado el azar, pero le insistí tanto que optó por jugar una única apuesta. Un par de semanas después, le vieron sonriente por el pasillo de la oficina de su empresa. Le preguntaron qué le había ocurrido para tener ese buen humor fuera de lo habitual. Su respuesta fue: "Me han tocado 13 millones y medio de pesetas en La Primitiva".
 
Todavía me pregunto:
 
1) ¿Por qué no le propuse jugar a medias con ella el boleto?.
 
2) ¿Dónde narices puso todo aquel dinero?.
 
3) ¿Se lo gastó?. ¿O sigue lanzándolo al aire cada día para darse el gustazo por la estupenda suerte que tiene, mientras grita como una Harpagona posesa: ¡Es míiiiiiiiiiiiiiiiioooo!, ¡es míiiiiiiiiiiiiiiiioooo!?.  
 
 

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